jueves, 9 de julio de 2015

Mirar más allá, comentario de Horacio Castillo




por Horacio Castillo (h)*


Hernán, quería escribirte unas líneas sobre tu libro Ciencia ficción porque me pareció buenísimo. Lo había intuido al leer, no me acuerdo donde, un poema tuyo de este libro, el poema La ultima espera. Poema genial, extraordinario. Ahí me dije este poema es muuuuy bueno, el poeta es muuuuy bueno, por propiedad transitiva el libro tiene que estar bueno. Por eso lo esperaba tanto.

La idea de trabajar la ciencia ficción en poesía, ya en sí misma, es una idea genial, y un desafío sobre cómo tomar esa materia y hacerla poética. Es que la ciencia ficción es creación, es imaginación, es mirar poéticamente más allá. Hay una película, Contacto, basada en la novela del mismo nombre de Carl Sagan, donde en una escena, la protagonista (Jodie Foster) viaja por agujeros negros, y ella, que había sido elegida para viajar porque era científica, al ver todo ese mundo nuevo y maravilloso dice: se equivocaron, se equivocaron, deberían haber enviado un poeta.

Vos sabés que me pasó lo siguiente, en general leo y releo y los poemas me parecían muy buenos, pero al terminar de leerlos, me quedaba insatisfecho y no me daba cuenta por qué. Después entendí que lo que me entorpecía disfrutar plenamente la lectura, era que yo estaba siempre a la expectativa de encontrar en cada poema a qué libro o película de ciencia ficción te referías, más allá de las notas que pusiste al final del libro. Había quedado como capturado por ese enigma. ¡Y era un error! Me había pasado eso con el hermosísimo libro de Claudia Masin, La vista.

Después, cuando releí tu libro sólo pensando en cada poema como unidad, sin preocuparme a qué hacía referencia, los redescubrí de otra manera, todavía más gratificante. Ahí sí, estaba leyendo poesía y no haciéndome el detective, entonces los poemas se me abrieron todavía más, despejado ya de la intención de encontrar esa referencia, que era como querer encontrar el sentido por fuera del poema. Y brillaron más, como “un faro subacuático en medio de la noche”.

Entonces ya no importa la historia o sí, pero ya son materia poética en sí misma, bellos versos que valen por sí mismos, poesía al fin.

Te menciono estos poemas que son los que más me gustaron, pero al final puse casi todos, jaja: Cuando llama la puerta,  Conquista del secreto, Los canales de marte, Luces extrañas, Escrito en el agua, El vigilante, Tras el diluvio, Viaje en el cometa, El espacio exterior, Piedra en el estanque, Hombre invisible sobre el puente, Bandera en tierra, Fuera de la caverna, La huella de la mariposa,  La travesía

Versos geniales que me encantaron y coronan poemas buenísimos:

“Comenzarán a salir las palabras
como los golpes de un corazón
que se quedó latiendo en otro mundo”

“vendrás sin vacilar a decirme somos del planeta
tierra  y creemos estar desde siempre
solos en el universo”

“entonces la velocidad se lleva los recuerdos
y son migas de pan que arrojo a los pájaros del pasado
que amenazan con su vuelo de luto”

“que he terminado con la distancia más dolorosa el tiempo”

“Y el reflejo de dos soles comenzaría a jugar en tus cabellos
como dos niños desnudos en el agua”

“Como si las palabras fueran la última luz
de una estrella que se apagó hace tiempo”

"seré el calor inaprensible que queda de una leyenda
una que decía “hemos llegado solos al final del invierno
y cuando la nieve se retire nada habrá para mostrarle
a la inesperada luz del sol”..."

“el vapor de los recuerdos
 te saldrá por la boca como un fantasma”

Sólo seleccioné algunos versos, muchos otros quedaron marcados en el libro.

Gallito ciego merecería otra carta, pero puedo decirte que me gustó muchísimo también y espero con ansias Lengua padre.

Quizás sea poco lo que te digo, pero verdaderamente disfruté mucho tu libro.

Quisiera poder resumir en pocas palabras algo sobre tu poesía pero no soy muy dado a los grandes análisis poéticos. No me salen palabras grandilocuentes. En cambio me quedé pensando en la ciencia ficción y en la paradoja de que nos propone, de alguna manera, viajes en el tiempo y en el espacio, viajes a través de los recuerdos y el olvido, viajes entre la vida y la muerte, pero donde quiera que nos lleve la ciencia ficción (y la poesía agrego ahora), en realidad son los hombres los que llevan a todas partes sus dudas, sus dramas, sus límites, su palabra, aunque viaje millones de años luz.

¡Un abrazo grande, mi querido amigo!


*Horacio Castillo (h)
, e-mail del 21 de junio de 2015.

jueves, 22 de enero de 2015

Un paisaje nuevo para la poesía argentina





por Leandro Calle*


Todavía lo recuerdo. El poeta se levantó de su asiento y bajó la rampa hacia el escenario en donde tenía que leer. Fue en ese momento en el que trastabilló y el cúmulo de libros que llevaba en sus manos cayó por el piso. Él bajaba y yo creo que subía por esa rampa. Había unos cuantos minutos de descanso antes de que comenzara la nueva ronda de lecturas. Fue ahí donde Hernán Schillagi, me entregó un primer ejemplar de Ciencia ficción (Libros de Piedra Infinita, 2014). Le ayudé a levantar algunos libros y papeles, él bajó y yo subí por esa rampa-escalera. Me crucé con otro poeta amigo que me dijo, apenas vio el libro de Hernán en mis manos: «es el mejor libro de Hernán». Fue como si me dijeran un secreto. Y lo primero que uno hace con un secreto es contarlo, así que eso intentaré hacer aquí.

Llegado a mi casa recuerdo haber leído de un tirón varios libros que me había traído de Mendoza. Pero mi cabeza estaba embotada, cansada y leí con esa lectura veloz e irresponsable que a veces nos sucede. Entre esas lecturas estuvo Ciencia ficción. Al cabo de dos días, retomé, como jugando, el libro entre mis manos y descubrí que no había retenido absolutamente nada. Es más, me di cuenta de que había hecho una lectura en «piloto automático», una lectura mala. Así que me senté y lo leí con la convicción de que había allí un secreto a ser revelado. Leer es escuchar, así que me dispuse a escuchar y leí. ¿Cómo pude haber transitado estos paisajes del alma humana sin haberme dado cuenta? Porque es otro paisaje el que nos propone el poeta. Schillagi, es un paisaje completamente nuevo o al menos originalísimo en la poesía argentina. Tomar prestado al género de la ciencia ficción sus paisajes y sus palabras y hablar de lo que hablamos siempre los poetas.

El libro de Hernán es como un planeta nuevo por explorar. Nuevísimo. No encuentro analogías o referentes cercanos, entonces el libro (que hace rato me ha declarado la guerra) me anuncia que acabo de perder todas las batallas. Que no me gaste, que es inútil, que este es un nuevo planeta y que no busque más medidas para medir. Que me deje llevar. Que acepte el viaje. No hay medidas. Que navegue. Pero todavía no me rindo y le contesto con su mismo lenguaje: «sin embargo el peligro hace de la casa una nave / que vuela hermética por el espacio de mis recuerdos». Finalmente me doy un poco por vencido y acepto el viaje. Me llama la atención una palabra, la palabra «electricidad».

Los poemas de Ciencia ficción, tienen una electricidad de otro mundo, una electricidad sutil y potente al mismo tiempo. En el poema los canales de marte, Schillagi cierra diciendo: «…y de tu boca por si no lo sabías / comenzarán a salir palabras / como los golpes de un corazón / que se quedó latiendo en otro mundo». Se trata entonces de escuchar a ese corazón y ese corazón late en otros paisajes, paisajes fantásticos, novedosos, paisajes con máquinas, electricidad, civilizaciones y planetas. El latido es modificado por esta atmósfera distinta y entonces el sonido y la musicalidad del poema son distintos. El proceso que hace el poeta es exactamente al revés: para entender el hoy hay que servirse del futuro. No hay ayer en estos poemas o al menos el ayer está tamizado y escamoteado en el futuro. Es preciso avanzar al futuro para entender el presente: «estar despiertos quizá sea la mejor de las resistencias / luego de que las máquinas tomaron posesión / de la arena de tus recuerdos y el tiempo quedó suspendido / en un mundo que no te pertenece y no hay fruta / que calme la sed como tampoco un pájaro / que le regale sus colores al viento de la tarde…».

El poema al que pertenecen estos versos se llama fuera de la caverna y nos remite evidentemente a la alegoría del filósofo griego. Pero estamos afuera de la caverna en serio. Al menos yo me siento un astronauta solitario en la noche espacial. Solo frente al libro del poeta Hernán Schillagi que ha logrado decir con maestría un lenguaje nuevo para mí, una manera original de hacer hablar a la poesía. De todos los libros de poemas que he leído este año, siento que Ciencia ficción, es el único libro que me ha dejado perplejo. El único libro que verdaderamente me ha conmovido. Su belleza me ha encandilado y no puedo decir nada, porque nada hay que decir. Porque no se puede decir nada en la noche espacial de la belleza. Porque sigue siendo un libro que es necesario volver a leer y a explorar. O mejor, es necesario seguir escuchando sus latidos, esos que vienen de otro mundo a decirnos lo de siempre pero con una música distinta. La belleza es así, uno se asoma y: «has asomado tu curiosidad a la cerradura equivocada / pero tus ojos que esperaban una historia / de pesadillas y espejos negros comienzan a brillar / como si lo visto viniera del mejor de los futuros / y poco a poco y simultáneamente y atravesándose / las imágenes golpean tu retina tu rutina / y forman una aleación con el miedo / entonces la puerta es una nueva frontera / la línea de sal que cauteriza los prejuicios…».

La belleza como principio de lo terrible al decir de Rilke. Vuelvo a la imagen mencionada más arriba. El poeta trastabilla, y da por tierra con todos sus libros. Eso me sucedió cuando leí Ciencia ficción: se cayeron todos los libros posibles y quedé a la intemperie espacial aferrado solamente a estos 24 poemas sin saber si era posible regresar de la belleza.


*Reseña publicada en la revista El Desaguadero el 10/11/2014.

Un imaginario en particular, comentario de Claudia Masin





Acabo de hacer la primera lectura de tu libro "Ciencia ficción" (un poco apurada, robada a las horas de trabajo y de trámites navideños varios) y sospecho serán varias. Un hermoso libro. Además, amo los libros "conceptuales" como este, los "libros programáticos" que abrazan un imaginario en particular. No es fácil, sin embargo, lograr que ese universo elegido "hable". Y mucho menos que lo haga con belleza. En fin, termino el mail como lo empecé: Hernán lindo, querido! Qué poetazo sos. Gracias por el libro, siempre da felicidad leer algo bello e inteligente.


Claudia Masin, poeta, autora de "La vista" y "La plenitud", e-mail del 19/12/2014

jueves, 15 de enero de 2015

La especie humana sobre mis dos piernas




la última espera



a veces cuando preguntaba
sobre esos puntos de luz
que aparecen sin orden con la noche y los grillos
a veces cuando mi voz temblaba oscura
bajo el cielo de noviembre
mi padre a veces sabía contarme
que los astros eran unas naves lejanas
que atravesaban los canales de la galaxia
para decirnos sin más que la espera tenía un fin
que no éramos los únicos luego del estallido primero
ese que nadie se atrevió a escuchar
miles de naves espaciales aproximándose
con esa lentitud que tiene el viento
para darle forma a las rocas

pero a veces cuando las preguntas
comenzaban a caer de mi boca de niño
como esas estrellas que portan un fugaz deseo
mi padre elegía cerrarse en el silencio
hasta hacerlo crecer entre las nubes
entonces el planeta suma de océanos y de tierra
se perdía para siempre en el barro de su soledad


*

conquista del secreto

ahora luego de haber posado
toda la especie humana sobre mis dos piernas
doy el primer paso a la conquista
y comienzo a suprimir con el índice
el nombre originario de las cosas

como en un remoto juego las letras
deben alzar cruces ante mis ojos
y las palabras forman un cementerio del futuro
donde una civilización elegirá resistir
desde el desierto negro de las piedras
desde la lengua rota de las espinas
desde la boca cerrada de las cuevas
resistir toda la invasión
con el último trago de agua en la garganta

porque la conquista solitaria del silencio
sin gritos de sangre ni cuerpos como trofeos
es como capturar un secreto que finalmente
resulta demasiado grande para nuestros oídos

miércoles, 26 de noviembre de 2014

El sueño cristalino de los peces


por María Cristina Alonso*

La Ciencia ficción es un género de la incomodidad y de la incertidumbre. Desde Historia verdadera de Luciano de Samosata hasta Under the dome de Stephen King, las historias que se cobijan bajo este género -y que van mutando a lo largo del tiempo con el derrotero de la experimentación humana- nos hablan más de nuestras incógnitas profundas que de los misterios del universo.
En su libro de poemas Ciencia ficción, el poeta mendocino Hernán Schillagi transita por los tópicos de este género para refundar territorios que la poesía no había recorrido. La poesía, dice Hernán citando a Alejandra Pizarnik, es “el lugar donde todo sucede.”
Y todo sucede en estos poemas de factura exquisita, poemas que nos van proponiendo múltiples lecturas. Aquí están los bradburyanos canales abandonados de Marte, la tierra roja, la voz de los antiguos habitantes del planeta y sus barcas como luciérnagas fugaces. Acaso volvemos, en “luces extrañas”, al imaginario encuentro, en una solitaria carretera,  ya no de seres de mundos distintos sino de dos seres que intentan ciertas comprobaciones: “si has resuelto/ nacer conmigo otra vez”
La poesía es en sí misma un viaje, un aliento que le insufla vida al barro y abre los ojos del monstruo, una nave que nos lleva al  misterio de la creación, un artefacto con escotillas por las que vemos pasar nuestros recuerdos pero también los mundos que aún no hemos soñado.
Poemas que nos traen imágenes de las múltiples regiones de la literatura, como un cohete que deambula por las galaxias de un género hasta no hace mucho poco prestigiado, vamos del monstruo de Mary Shelley , al mano de Oesterheld de cuya “garganta nace un himno de muerte”, las palabras finales de Nemo luchado con su rencor como un monstruo de acero, el contador automático de estrellas que imagina Roberto Arlt en El juguete rabioso, y las calles hechas de niebla de la Londres por la que Stevenson hizo deambular la dualidad de Jekyll.
Como toda buena literatura, los poemas de Hernán nos devuelven más preguntas que respuestas, porque el futuro que construye la ciencia ficción y  que merodea en este libro está lleno de preguntas que viajan “como una roca encendida/ de un extremo a otro de los sueños/ y en esa distracción de la muerte/ podré robarte las preguntas/ que ya me esperan en el futuro” (viaje en el cometa).
En estos poemas hay dioses derrotados y  mundos exteriores  explorados  por “navegantes telúricos de los doce tomos de la enciclopedia salvat”. Lo lejano y lo cotidiano como territorios íntimos enfrentados a lo insondable, señales de humo hacia el firmamento que interrogan.  

Poemas que nos cuentan que estamos solos en el universo, que “somos el sueño cristalino de los peces/ que avanzan dormidos por la noche del mar”.


*Reseña publicada en el blog "La Biblioteca de Cristina" el 14/11/2014

Una intensidad justa



Comentario del poeta salteño Santiago Sylvester sobre "Ciencia ficción":

Muy bueno tu libro "Ciencia ficción", Hernán. Has definido un lenguaje que es a la vez austero y jugoso.

Tus poemas avanzan impertérritos, sin apuro por llegar ni alargados como si no quisieran hacerlo. Y el resultado es de una intensidad justa.

Te felicito sinceramente.

Va un abrazo agradecido.


Santiago Sylvester, e-mail del 20/11/2014

lunes, 27 de octubre de 2014

Poesía de conocimiento: comentario de Rafael Felipe Oteriño


Comparto estas generosas palabras de mi admirado y maestro poeta platense, Rafael Felipe Oteriño, que me envió por e-mail luego de la lectura de dos de mis libros.

Querido Hernán: 

Me demoré en escribirte porque he estado un poco viajero, pero leí tus libros Primera persona y Ciencia ficción con atención y auténtico deleite; me dejo llevar por tu lenguaje abierto, conversado, en el que la vida anida y se recrea en su secreto; es como acompañarte en una exploración que concluye siempre en un descubrimiento: lo que estaba ahí pero no veíamos, lo que no estaba pero necesitábamos; tal es la raíz de tu poetizar; por eso cabe calificarla de poesía de conocimiento, zona en la que podemos hacer pie, albor y espejo en el que nos vemos; te mando abrazo afectuoso y agradecido, 

                                                                                                     Rafael Felipe Oteriño, 27 de octubre de 2014